Lo grande es que lo de ejercer de anfitriones es una práctica que no hemos perdido. De acuerdo que a veces tienes algún sinsabor, pero compensa sobradamente.
La tarea a la que nos hemos entregado desde que recuperamos nuestra cueva en Santako es la de ejercer de anfitriones de amigos-conocidos-homelessvarios, algunos de ellos encontrados durante nuestro deambular por el mundo y otros a los que ya teníamos en la libreta de direcciones del email antes de coger el primer avión.
Una vez más repetiremos que nuestro concepto del mundo ha cambiado (sí, el tópico de siempre, ya lo sé) y, ahora, lo de socializar y compartir lo vemos como algo “normal”, aunque estamos lejos de devolver lo que nos han dado.
Dicho todo esto en el tono que tanto le gustaba al amigo Adiós-Verneda-Adiós, vamos a la teca. Apenas puestos los pies en Barcelona recibimos la visita de tres venezolanas. El kely se convirtió en un culebrón de sobremesa, aunque apenas fue una noche. Una compañera de clase en Newquay, bueno en realidad en Truro, nos llamó diciéndonos que venía para Barcelona y, pendiente de encontrar hotel, la instalamos en Santako. Ahora decid lo que queráis que se admiten todos los chistes -por cierto dos de las venezolanas de veintipocos añitos para ponerlo fácil-, pero servidores tenemos invitación a Isla Margarita, donde las dos susodichas trabajan de azafatas de vuelo.
En totá, que tras la visita vinieron los millones de encuentros con colegas y familia que nos han dejado el hígado un poco maltrecho y nos han metido más kilos que cuando dejamos las Ejpañas. Los Antorchos nos han dado toda su ayuda en la reintegración, Ditirambo nos ha sorprendido con un cuadro que nos ha regalado y en el que plasma todo nuestro viaje, a los niños, desde el de Sherlock hasta la de la Familia Trapisonda, los hemos visto creciditos por no decir que la mayoría están ya pa la matanza. En fin, que los parientes nos han llenado la panza y los colegas el nivel de transaminasas.
A Can Xavi fuimos para recuperar nuestras pertinencias, aunque sin completar la labor para que haya ocasión de una segunda barbacoa, y a por la moto, que fue nuestro mejor y único aliado en nuestro primeros días hasta conseguir un nuevo coche, que ya os enseñaremos un día de estos.
Y lo último ha sido otra visita, esta vez del colectivo molareño. El 31 apareció el primer escuadrón con Juan Enrique, Ely, Juan Enrique Jr. y Nerea. Los llevamos a la Garrotxa, a las Ramblas, al Camp Nou...pero de lo que se enamoraron es del bar de la china -nombre oficioso del que mencionaba en el anterior post- y de la Antorcha. Si es que Santako es mucha Santako.
Una semana después llegó el segundo paquete. El Cocodrilo, con Javier, Javier Jr. y Cristina. Total, que donde caben 2 caben 10!!!. Yo les había advertido que no se solaparan para que pudieran disponer de más comodidad cada uno de los grupos, pero no me hicieron caso…y acertaron. Hacía tiempo que no me iba a dormir jarto reírme después de dejar acostados a 4 adultos y 4 críos, que no se sabe quienes son peores.
Con toda la banda al completo visitamos la Costa Brava y, durante un fin de semana, Bielsa, nuestro rincón del Pirineo donde descubrimos que, el ser de pueblo no implica estar más en forma que los urbanitas. Más bien al contrario.
Y eso es más o menos todo. Que Juan Enrique se hizo suyo el chiringuito de la playa de Montgat. Que el Jr. se fue contento después de disfrutar a sus 9 años de todos los topless playeros con los que había soñado. Que Javier descubrió un par de sitios de piedras y bichitos con los que pareció disfrutar. Ely aprendió un par de recetas. Los niños jugaron lo que quisieron y el Cocodrilo aguantó todo el cachondeo y se bañó en la playa que falta le hacía. Y todo eso por el módico precio de aguantar a dos Santakos durante dos semanitas. Vayan rellenando el formulario.
PD1. La próxima visita prevista es la de Miles y Margarita el próximo jueves. Con ellos regresaremos a Los Molares para dejarlos allí instalados.
PD2. Que alguien le diga a Mary Ann y sus amigas lo de la fiestuqui, que ni encuentro su email ni ná de ná.
PD3: Fieles al nuevo título del blog hemos habilitado una cuenta corriente para financiar lo antes posible nuestra próxima escapada. A ser posible definitiva. También podéis contribuir enviando un mensaje al 7678 y descargando el politono en el que la Santako y servidor cantamos a coro alzado la bonita melodía de Cañita Brava titulada Abasaman Abasamun. Ahí es ná.
Lo que se dio a conocer como el Piso Patera. Sofá tuneado de cama, colchones hinchables en el suelo y, posando, el grueso del colectivo a falta de Javier que se debió esconder de la verguenza. Impagable el gorro nepalí del Coco.
Obsérvese la cara de frío del Coco sentadito en la presa que hay camino del Parador de Monte Perdido junto al Kanguro Truchero.
Brindando por que sí. El campeón, Juan Enrique father, que se empinó la botella. Y eso que no le gusta el cava. Javier vio las Lágrimas de San Lorenzo sin sacar la cabeza al balcón gracias a dos botellitas de Parxet que no se las saltaba un calé.
Clásico ritual del tragantón en Canaletas. El único que no probó el agua fue Juan Enrique, no porque no piense volver, sino porque dice que el lo hará cuando le salga de los coj…y no cuando lo diga una jodía fuente. Pues ahí queda eso.
En Bielsa de barbacoa. Otro mito a tomar por saco: los de pueblo tampoco saben hacer fuego. Bueno sí saben, pero como los de ciudad.
Dándonos un bañito en el Puente del Diablo -uno más- sobre el río Llerca entre Montagut y Sadernes. Vamos, parte de la excursioncita por la Garrotxa.
En Bielsa camino de los lagos de Lalarri. A los 200 metros la mitad de la expedición estaba pa echarla al río. A eso hay que sumarle los que tenían miedo de las arañas, los que…esto de ser de pueblo ya no es lo que era.
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A la guerra gente
@Boni: A tope!!!!