Bath bien vale una visita. La Europa que nos suena, la romana, metida dentro de la más pura sociedad british. Cosa curiosa de verdad. Os dejamos leyendo.
Aquí nos tenéis de nuevo en las Europas. De nuevo en England. Estamos en tránsito, pero tránsito del bueno. Por aquello de trincar pasajes baratitos la mejor combinación de vuelta a las Españas, que no a casa, incluía una semana en Britain, pero lejos de apalancarnos a pasar el jet lag hemos optado por darnos un garbeo por Bath, que era una cuenta pendiente que teníamos de nuestra anterior estancia aquí.
Bath bien vale una visita. Una ciudad que fue tomada por las tropas de la Roma Imperial y que, por lo tanto, demuestra una prestancia continental que es envidia del resto de pueblos british.
La estrella de Bath son sus baños romanos, los que se construyeron aquellos enviados del César para paliar la morriña. Después, la reina inglesa los adaptó a sus necesidades y, con ella, la aristocracia británica. Ahora es un museo de los de quitarse el sombrero. El resto de la ciudad también es impresionante. Lejos de lucir la habitual arquitectura Victoriana, lo suyo es la Georgiana, con sus remedos de equilibrio renacentista elevados a la máxima potencia.
Total, tras la visita, nos hallamos en Newquay again para saludar amiguetes y, el martes, reencuentro con la madre patria aunque en su versión sureña. Nos vamos a instalar entre Sevilla y Cádiz. Allí ansiamos abrazar de nuevo el pan y el jamón. También tenemos previsto recibir visitas de amigos que hemos ido haciendo por esos mundos y hacer otras a compatriotas de los que conocimos en nuestra anterior estancia cornish.
We’ll see.
La piscina principal de los baños romanos.

