Tofino está bien. Si eres surfero es lo suyo. Si no, pues kayak. De todas maneras nos quedamos con Juan de Fuca. Recuerda a los caminos por parques naturales de Nueva Zelanda. Ahí van las fotos y juzgad vososotros mismos con vuestros mecanismos.
Tofino y Juan de Fuca han sido las dos primeras mecas de nuestra última semana canadiense. Los savings reunidos a base de recolectar lechugas nos dieron para alquiler de buga cinco días y el olfato, junto a las sugerencias, nos enviaron a Tofino, al oeste de Vancouver Island.
Tres días en un hostel -reencuentro con esas cocinas-, donde conocimos a un australiano al que quizá veamos por las Europas. Tres días para ver playas de ensueño, disfrutar de la independencia del coche propio y sorprendernos por la concentración de First Nation people en la zona, algo que no pasaba en Nelson, pero tampoco en las Gulf Island y ni tan siquiera en Courtenay o Saanich.
También nos reencontramos con el kayak, que habíamos practicado en Tailandia por última vez. Visitamos una islita frente a la costa tofinense y alucinamos con algunos árboles gigantes, aunque ya los habíamos encontrado en el camino desde Courtenay.
Y después de Tofino, Juan de Fuca trail, un pateo de cuatro días para el que sólo teníamos dos, pero que queríamos probar. Lo hicimos desde las dos puntas en caminatas de ida y vuelta. Primero Port Renfrew, donde la clavamos con la accommodation. Después desde el aparcamiento de China Beach. Mu bonico eso de andar a un metro del agua. No te sientes Jesucristo, pero casi.
Después de encontrarnos con un oso comiendo hierba al borde de la carretera -parece el principio de un chiste-, de vuelta a Courtenay para devolver el buga y disfrutar de un viaje en tren de cinco horas hasta Victoria, donde estaremos hasta el jueves, que toca regreso a Vancouver. Victoria está siendo una de las ciudades más cucas que hemos visto en este más de año y medio de viaje, pero eso ya lo contaremos otro día.
Ese peaso bugati.
A medio camino de Tofino está Cathedral Grove. Un paraíso para los amantes de los arbolacos
Lo dicho
Tofino. En este micropuerto la Santako se infló de tirarle fotos a las puestas de sol
Una galería de arte First Nation en Tofino. Lo que nos hizo gracia, de todas maneras, es que el clásico carrito motorizado para gent gran y dissabled people se tunea por aquí con capota por aquello de que llueve a rabiar, aunque como se aprecia en el retrato a nosotros nos lució un sol de espanto.
Tiempo para el kayak
El intermedio kayakero fue en forma de pateíllo por esta islita.
800 años de arbolaco, aunque vimos uno de 2.000. Frente a él, el capitán Iglo y señora
Las puestas de las que hablaba
Pendientes todavía de la subvención de Bartolo para el Institut Culumenc a l’Extranger, nosotros seguimos con la tarea de cristianizar herejes. Aquí podéis ver lo maja que nos ha quedado la parroquia que vemos fundao en Tofino. Adoradores del sacro mortero reza en la puerta.
Y aquí Long Beach, en las proximidades de Tofino. Por fín una playa de arena donde pasear
Junto al centro de interpretación, el clásico totem
Los piños de una ballena
Peaso de playa que nos encontramos apenas iniciado el Juan de Fuca trail desde Port Renfrew. Mereció un tumbao de media hora buscando ballenas, que se supone que pasan por aquí a estas alturas de año en su migración desde Baja California hasta Alaska. Tampoco son tontas las amigas
Buscando madroños. La Santako le puso la cámara en el hocico mientras yo le vociferaba que aquello podía ser peligroso. La respuesta no tuvo desperdicio: “no había problema, tenía cara friendly”. Pues nada, que apunten el dato en los panfletos que advierten sobre qué hacer en caso de encontrarse un plantígrado
El Juan de Fuca también está plagado de arbolacos
Puente colgante camino de la foto para Nachete -ver post anterior-. Si es que nos metemos en cada una…
Esto es un tramo en el que aprovechan un árbol caído para que pases por encima y no jorobes la vegetación de alrededor. Obsérvese la longitud del tronquito.
Y yatá. Próximo capítulo: evasión o VICTORIA.
Pingback: Bitacoras.com